Agility y la Psicología de la Educación

La Psicología de la Educación se ocupa de estudiar el comportamiento humano en una situación educativa, entendida como aquella en la que una o más personas intentan explicar algo a otra u otras personas. Es una de las ramas de la Psicología con mayor tradición, mayor número de investigaciones y de mayor aplicabilidad.

En cualquier situación educativa existe una finalidad donde el profesor o monitor de agility desempeña un papel fundamental. Siguiendo la definición anterior de Psicología de la Educación el monitor de agility intenta explicar algo a una o varias personas, guías, que, a su vez, intentarán explicar/hacer entender algo a sus perros. Las clases de agility implican una transmisión de conocimiento que se enmarca en un proceso de enseñanza-aprendizaje.

También es importante diferenciar la educación formal de la informal. La educación formal es sistematizada (planificación, horarios, programas). En cambio la educación informal carece de esta sistematización (educación diaria de nuestros perros o una conferencia en la radio).

La importancia del aprendizaje es evidente y parece adecuado pensar que los monitores de agility conozcan las estrategias más adecuadas para que sus alumnos, guías y perros, adquieran y consoliden sus aprendizajes para poder utilizarlos a largo plazo.

La elección de un centro canino que disponga de monitores que trabajen en líneas de adiestramiento y educación en positivo, con buena formación especializada en educación canina, experiencia, actualizado en su formación, entre otros factores es importante para optimizar los procesos de aprendizaje y fomentar el desarrollo de patrones de conducta relacionados con la salud y el bienestar, tanto con los guías como con los perros.

Agility y Psicología de la Educación

 

En Psicología de la Actividad Física y el Deporte se parte de dos grandes paradigmas que han dominado la historia de la psicología del aprendizaje: conductismo y cognitivismo. El enfoque conductista resulta indispensable para poder explicar cómo se produce el aprendizaje y como se desarrollan comportamientos en el ámbito de la actividad física y el deporte. Un monitor de agility debe conocer la teoría del Condicionamiento Clásico, cómo actúan los procesos de adquisición, generalización y extinción. También debe ser diestro en las propuestas del Condicionamiento Operante, conociendo el uso y abuso de los refuerzos y los castigos, uno de los temas de mayor preocupación entre guías, monitores y profesionales de la educación canina. A los perros, ¡a su manera!, también les importa el uso y abuso de refuerzos y castigos, aunque deberían estar más preocupados de los primeros que de los segundos. La buena utilización del refuerzo nos brinda un mejor control de variables como la motivación, atención-concentración, ansiedad, etc. de guías y perros.

Desde el enfoque cognitivo podemos destacar la importancia de la concepción del individuo como un sujeto activo en la construcción del conocimiento y donde el propio sujeto es responsable de su propio aprendizaje. Desde la perspectiva cognitivista el monitor de agility es un mediador y el guía y el perro son los protagonistas de su aprendizaje, teniendo mayor autonomía y autorregulación. Entre otros elementos del cognitivismo destaco el aprendizaje significativo por su aplicación directa en un contexto de aprendizaje. El aprendizaje significativo se refiere a la posibilidad de establecer vínculos sustantivos y no arbitrarios entre lo que hay que aprender y lo que ya se sabe atribuyéndole significado al material objeto de aprendizaje (Coll y Solé, 1989). Al respecto un monitor de agility puede explicar la razón práctica de un ejercicio lo que ayudará también a que los guías se esfuercen más por adquirirlo. Otros interesantes elementos del enfoque cognitivista, importantes por su aplicación, son el aprendizaje por descubrimiento y el aprendizaje  autorregulado.

Tampoco podemos olvidar el papel de las emociones durante el proceso de aprendizaje, donde el estado emocional es un criterio fundamental a tener en cuenta en la adquisición y desarrollo de comportamientos. Un ejemplo claro lo podemos observar en perros que ladran cuando practican agility. Este ladrido  generalmente es un indicativo de que el perro no gestiona su estado emocional del modo más adecuado. Un monitor de agility que se preocupa por estos y otros factores actuará en consecuencia. Intentará explicar al guía la importancia del control emocional de su perro pudiendo llegar incluso a sugerir un descanso temporal en el entrenamiento o aconsejar la práctica de otro tipo de actividades (trabajos de olfato, natación, etc.)

También es importante señalar la existencia de otros elementos y variables, procesos psicológicos básicos implicados en cualquier actividad física: Atención, percepción, memoria, motivación, etc. que están íntimamente ligados a los procesos de aprendizaje en la práctica de agility. No obstante el desarrollo de estos conceptos y su relación con el agility no son objeto directo del presente texto.

Agility y la Psicología de la Educación

Sobre el profesor/monitor de agility existen diferentes retos y dificultades:

Como explica Fontana (1995) es necesario tener en cuenta variables externas al profesor (por ejemplo, edad, capacidad de los alumnos) para poder evaluar un buen docente, ya que aquello que puede ser adecuado para un alumno puede no serlo para otro en las mismas condiciones. Estas son algunas de las características más adecuadas que debe presentar un profesor (Woolfolk, 1996): Buen sentido del humor, crear clases interesantes, conocer la materia, ofrecer explicaciones claras, invertir tiempo ayudando a los alumnos, ser justo, mantener una buena relación cordial con los alumnos, ser considerados con los sentimientos de los alumnos y no mostrar favoritismos.

Pocos docentes se quejan sobre su falta de conocimientos pero muchos lo hacen por su falta de autoridad, estrés, falta de motivación… u otras variables psicológicas susceptibles de ser entrenadas. El mejor modo de que no aparezcan estos y otros problemas e la puesta en marcha de medidas preventivas. Establecer una adecuada relación y unas claras normas de funcionamiento fomentará que los alumnos ayuden a mantener un clima cordial.

Otro tema importante, y cuyo interés para la Psicología ha ido en aumento, es el desarrollo moral en el ámbito del deporte. Existe evidencia empírica de que las actividades físicas y deportivas pueden contribuir al desarrollo moral y social de sus practicantes siempre y cuando los objetivos que se persigan y la organización de la actividad tengan una orientación adecuada (Dosil y Deaño, 2003). Siguiendo esta idea uno de los objetivos de un profesor es contribuir al desarrollo moral de sus alumnos fomentando valores positivos. Por ejemplo, lograr que los alumnos tomen las decisiones acertadas en diversas situaciones, durante la práctica del agility, independientemente de otros factores como los resultados o la presión del público.

Para finalizar me gustaría subrayar la importancia que tiene conocer los diversos motivos que los alumnos tienen en la práctica del agility y cualquier otra disciplina deportiva canina: Divertirse, mejorar destrezas y aprender otras nuevas, demostrar habilidad deportiva, estar con amigos y hacer nuevas amistades, emoción y retos propios del deporte, competir, ganar y estar en forma (Basado en Cruz, 1997). Se observa, por tanto, la existencia de razones intrínsecas y razones extrínsecas y también motivos sociales, las tres categorías de motivos que suelen explicar la iniciación de una práctica deportiva. Siguiendo este argumento uno de los principales objetivos del centro y del profesor/monitor será poder atender a las necesidades individuales de sus alumnos compaginando con el justo equilibrio “deporte para todos”, iniciación deportiva y deporte de competición.

Alejandro García Alaiz
Psicólogo Educativo especializado en comportamiento y educación canina.

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