¿Por qué arnés y no collar?

Siempre recomiendo arneses, nunca collares, y para todos los perros.

Y eso por varios motivos.

La tráquea es una parte del cuello muy sensible.

Un collar, aunque sea ancho y suave, ejerce una presión fuerte sobre la tráquea, si la correa está tensa o incluso damos tirones con ella.

Muchos perros son tratados en el veterinario por ‘tos crónica’ y nadie se da cuenta que se trata de una inflamación mecánica de la tráquea por presión y mal uso de un collar.

Perro Labrador llevando su correa en la boca
Perro de perfil con la orejas en estiradas hacia arriba con collar de cuero

¿Usted se ataría en el coche el cinturón por el cuello?

¡No! En el coche nos ponemos el cinturón por el pecho y por la pelvis.

¡Y con buen motivo!

Está comprobado que los tirones del collar repercuten directamente a la región cervical y pueden llegar a ser los responsables de importantes traumas en esta  zona, pudiendo llegar a afectar también al resto de la columna vertebral.

También afectan la glándula tiroides, pueden provocar hipo- o hipertiroidismo.

Los diferentes daños a los que se puede ver sometido el esqueleto del perro se pueden consultar en los distintos estudios que realizó Anders Hallgren desde la década de los 70.

En estos estudios, el autor explica entre otras cosas, que la presión y fuerza que se ejerce al dar un tirón de un collar, puede dañar los nervios cervicales, produciendo el “Síndrome Horner”, con la siguiente sintomatología:

Miosis (contracción de pupila)

Ptosis (desprendimiento del parpado superior)

Enoftalmos (hundimiento del ojo por parálisis del simpático cervical)

En la mayoría de los casos el Síndrome Horner se cura con medicación, aunque puede que en algunos casos ya no haya remedio.

El cuello del perro es una zona de primer orden para el desarrollo de su comportamiento social. Es un receptor muy sensible a los estímulos apetitivos y aversivos. También he podido ver que los perros utilizan su cuello para diferentes funciones.

La nuca y la garganta sirven para la comunicación jerárquica.

Los lados, a izquierda y a derecha, se reservan para los amigos íntimos. Es decir, para los miembros humanos y caninos de la familia.

La garganta es la parte más sensible del cuello. En momentos de completa relajación, el perro se la ofrece a la persona de confianza para que la acaricie.

Mi conclusión es que el cuello del perro es un receptor muy sensible de mensajes sociales. Es muy sensible para los contactos agradables, pero también para los desagradables.

Está claro que la presión o los tirones de un collar es información errónea para el perro.

Muchos perros reaccionan a ello, mostrando inseguridad o señales de calma como por ejemplo relamerse el hocico, girar la cabeza, cerrar los ojos.

Labrador color canela con arnés antitiro y correa roja
Labrador color chocolate sentado de espalda con arnés de paseo

Los perros se comunican entre ellos en los paseos, desde la distancia.

Si observamos dos perros que se ven desde lejos, siempre podemos ver señales de calma como girar la cabeza o olfatear el suelo. Con estas señales los perros se comunican sus intenciones pacíficas.

Si en este momento, por tensión de la correa, el perro es forzado a levantar la cabeza, le estamos obligando a enviar al otro perro un mensaje erróneo y ofensivo.

Este malentendido puede provocar una pelea, y con posterioridad, comportamientos agresivos preventivos.

Sabemos que los perros con problemas de agresividad tienden a relajarse mucho antes si durante su reeducación llevan un arnés y no un collar. Simplemente les facilitamos enviar señales de calma, que luego pueden ser reforzadas por su guía y también por los demás perros, reaccionando ellos por su parte con señales pacíficas.

Muchas veces oigo a la gente decir que con un arnés los perros aprenden a tirar de la correa; incluso que un arnés solamente sirve para ‘tirar de algo’, pero que no es adecuado para el paseo. Creo que los que dicen eso, incluso educadores caninos, se equivocan.

Los perros aprenden a tirar de la correa, cuando es reforzado, cuándo tienen éxito, es decir, cuándo llegan adonde quieren ir, tirando.

Y eso funciona igual con un collar que con un arnés, ya que suelen ignorar el dolor a cambio de conseguir su objetivo.

Es cierto que tirar de un arnés no duele ni provoca inseguridad.

Pero los tirones de la correa en la educación canina son métodos que ya no debemos aplicar ninguno, ya que la reacción que provocan en el perro es evitar un castigo o dolor.

La correa tampoco establece ninguna jerarquía entre guía y perro. Mucha gente sigue creyendo que hay que mostrarle al perro quién manda, dándole tirones fuertes de la correa.

Todo eso es un concepto erróneo que no se basa en el respeto mutuo ni en la comunicación inter-específica.

No sirven los arneses con cintas que se unen en un único punto en el lomo.

Tampoco los denominados ‘arneses de corrección’ que llevan cuerdas finas rozando las axilas del perro, ya que también su efecto es el dolor.

Un buen arnés debe tener una cinta en el lomo y otra en el pecho, que conecta la parte del cuello con la del tórax. Tiene que ser ajustable de varias formas y debe tener cintas anchas y acolchadas.

Si todo esto se combina luego con una correa de 2 o o 3 metros, mucha tranquilidad y paciencia mientras dejamos que el perro termine de olisquear y reconocer su entorno, los paseos se convierten en un placer para perro y dueño.

Christiane Steck
Educadora canina de LealCan

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lealcan.com

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