Relación entre las hormonas sexuales y determinados comportamientos como marcaje de orina, vagabundeo, conducta de monta y agresividad. Efectos de la castración sobre los mismos.

A menudo escuchamos que cambiar el carácter o la conducta del perro ha sido el único motivo para efectuar una castración. Aunque es cierto que disminuir determinadas hormonas del organismo puede ayudar a prevenir o tratar determinados problemas de comportamiento, no será efectivo con todos ellos y, en muchos casos, puede empeorar el problema.

Las hormonas son sustancias de diversa naturaleza que se producen en las glándulas endocrinas, pasan a la sangre y, a través del torrente circulatorio, llegan a los órganos efectores, que ponen en marcha distintos tipos de respuestas que facilitan, a su vez, la aparición de comportamientos específicos en el perro.

Las hormonas sexuales que se modificarían tras una castración, son principalmente tres: andrógenos (masculinas): se producen en los testículos, los ovarios y la corteza suprarrenal; y estrógenos y progesterona (femeninas): producidas en el ovario, la placenta, glándulas suprarrenales y en el hígado. Las tres están presentes en ambos sexos aunque en distintas proporciones.

No debemos olvidar que la conducta es una expresión de la interacción compleja de varios factores, no solo hormonales, entre los que se encuentran: genes, sensibilidad del sistema nervioso central a determinadas hormonas de cada individuo, neurotransmisores, entorno, experiencias, aprendizaje, etc. Esto implica, por tanto: 1º que solo aquellos comportamientos influidos por las hormonas sexuales podrán verse modificados por la castración. 2º que el efecto de la castración depende de todos los factores ya mencionados. 3º que existe una gran variabilidad individual ya que la concentración de la hormona no determina la aparición de un comportamiento, sino que modifica la probabilidad de que éste se presente si se dan las condiciones necesarias. Así pues, a la hora de explicar o modificar un comportamiento, hablaremos de las hormonas como influencia, pero no como único factor decisivo.
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Entre los comportamientos que podemos relacionar con las hormonas sexuales se encuentran:

Marcaje con orina: Es más frecuente en machos. Se produce por varias razones: protección de su territorio, orientación, miedo, ansiedad, comunicación o búsqueda de pareja. Tras la castración se puede reducir hasta en un 50%, siempre y cuando tenga una causa hormonodependiente. No será efectiva para micciones ocasionadas por estrés, ansiedad, miedo, aprendizaje incorrecto, disfunción cognitiva, etc.

Vagabundeo: El “escapismo” con motivación sexual es el que obtiene mejor respuesta a la castración, reduciéndose hasta en un 90%. Pero este comportamiento no tiene como único agente causal la testosterona, hay otros elementos reforzadores de la conducta como puede ser búsqueda de comida, entretenimiento o contacto social, ante los cuales la castración no tendría ningún efecto.

Monta: En hembras el comportamiento sexual cesa de forma prácticamente inmediata tras la castración, mientras que en machos solo se reduciría en un 65% y, en muchos casos, podría perdurar toda la vida, dependiendo sobre todo de la experiencia previa. Esto es así porque en los perros no importa tanto el nivel de andrógenos circulante como la respuesta del sistema nervioso central a su efecto, y la testosterona seguirá produciéndose en la corteza suprarrenal. Además, en el macho, el control de la conducta sexual es menos dependiente de la acción hormonal que en la hembra y, tras la castración, puede seguir manifestando comportamiento de monta, erección y respuesta a hembras en celo, aunque no llegue a completar la cópula. Otros motivos de monta que no dependen de las hormonas sexuales pueden ser estrés, ansiedad o, incluso, que se haya llegado a estereotipar este comportamiento, ante los cuales la castración sería ineficaz

Agresividad: Existen muchos motivos por los que el perro puede desarrollar conductas agresivas y solo aquellas en las que las hormonas sexuales tienen un papel fundamental son susceptibles de ser modificadas mediante la castración, tanto en beneficio como en perjuicio de la conducta. La agresividad intraespecifica, especialmente hacia miembros del mismo sexo, es la que más influenciada está por estas hormonas, no obstante hay una gran diferencia entre machos y hembras ante la castración. Mientras que en los machos puede ser de utilidad reduciendo la misma hasta en un 60%, dependiendo del efecto activador que la testosterona tenga en el sistema nervioso central de cada individuo y del tiempo que lleve presentando dicha conducta, en hembras está totalmente contraindicada ya que reduciremos notablemente la progesterona en cuyas funciones también se encuentra la inhibición de comportamientos agresivos y la testosterona, que los favorece, pasará a ser la hormona principal. En las hembras la castración solo sería beneficiosa a nivel comportamental, en casos en que aumente la reactividad o agresión en relación con el celo o la pseudogestación.

Para otros tipos de agresividad como pueden ser por causa orgánica (dolor, epilepsia, hipotiroidismo…), por conflicto familiar, territorial, protección de recursos, etc.,  podría ayudar si estuviese asociada a una terapia de modificación de conducta. Sin embargo, en la agresividad depredadora y defensiva no tendría ningún efecto. Por último, en los casos en los que el miedo sea el desencadenante de las conductas agresivas, la castración puede llegar a empeorar mucho el problema, porque la testosterona contribuye a aumentar la confianza del perro en sí mismo.

En definitiva, castrar a un perro no cambiará su carácter, no lo volverá más dócil ni más tranquilo, a no ser que los momentos de “nerviosismo” estén directamente relacionados con periodos de celo en las hembras o con la cercanía de perras en celo cuando nos referimos a los machos. La castración no es un interruptor de “off” ante problemas de comportamiento, aunque bien es cierto que en algunos casos podría ayudar, unida a una terapia de modificación de conducta. Siempre debería existir una valoración previa por parte de un especialista en comportamiento canino que nos ayude a descubrir el origen de estos problemas.

Aida Semiramis
Educadora canina de LealCan

 

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