EL OLFATO DEL PERRO, FUENTE DE SALUD

Sabemos que el olfato es el sentido más desarrollado del perro. Se estima que tienen, aproximadamente, cincuenta veces más receptores olfativos que el ser humano y que el sistema dedicado al procesamiento de olores ocupa más espacio en el cerebro canino que en el del hombre. Además cuentan con el órgano vomeronasal, gracias al cual pueden olfatear e interpretar las feromonas que todos los seres vivos  liberan de forma natural.

Como somos muy conscientes de ello, llevamos años aprovechando esta increíble capacidad olfativa de los perros para entrenarlos en varios campos como la medicina: pudiendo, entre otras cosas, detectar distintos tipos de cáncer, ataques de epilepsia, o crisis de hipoglucemia en pacientes diabéticos. La seguridad: prestando su colaboración descubriendo determinadas sustancias importantes para el ser humano como puedan ser estupefacientes, explosivos, dinero, etc. El rescate: buscando  supervivientes en zonas catastróficas o personas determinadas en amplios espacios. Y así un largo etcétera, ya que se ha demostrado que la tecnología no logra superar el olfato canino.

Pero también podemos utilizar este maravilloso talento que poseen para favorecer su estado de salud. Ofrecer a los perros actividades que consistan en ejercitar su mejor herramienta les planteará nuevos retos y les motivará a enfocar todo su interés en la acción de oler, cansándoles mentalmente, relajándoles y provocando en ellos gran satisfacción por el trabajo realizado.

Cuando nos encontramos ante patologías relacionadas con el estrés, polidipsia o poliuria psicógena, problemas de pica, coprofagia  o algunas conductas estereotipadas, como perseguirse el rabo o la dermatitis acral por lamido, lograr que el perro haga uso de su campo de trabajo más provechoso conseguirá calmarle, estimulando además la confianza en sí mismo y proporcionándole una mejor habilidad para manejarse en el mundo que lo rodea. Añadiendo además, que todo el tiempo que el animal esté ocupado olfateando o descansando de dicha actividad será un tiempo que no dedique a la conducta compulsiva. Podemos, por ejemplo, distribuir su ración de comida en diversos cuencos en una habitación y apagar la luz para que la busque a oscuras, o reconducir el juego de la pelota, escondiéndola para que la busque en lugar de lanzarla para que la persiga.

De la misma manera surtirá un efecto positivo en perros con problemas de ansiedad, ya que la acción de olfatear exige una gran concentración, lo que inhibe el funcionamiento del sistema límbico. Cuando el perro está centrado en un olor, pone toda su atención en él para obtener la máxima información. Esto les permite abstraerse de aquellos estímulos que les generan ansiedad, acostumbrándose, a la vez, a la presencia de los mismos. Incitar al paciente a olisquear durante los paseos incentivará su comportamiento exploratorio y logrará que descubra olores de los que no se había percatado anteriormente. Esta es una buena forma de sosegar al individuo, y el hecho de oler determinados estímulos ambientales puede, además, resultar una actividad altamente reforzante para ellos. En este caso, una idea sería hacer un camino con trocitos de comida o esconder su juguete favorito durante el paseo, o incluso utilizar estuches con cremallera para esconder la comida de modo que el perro la pueda encontrar, pero que necesite de su guía para acceder al manjar, lo que supone también reforzar el vínculo.

Con las diversas enfermedades que afectan a la movilidad del cánido, lesiones o post-cirugías del aparato locomotor como esguinces, luxaciones o fracturas, son múltiples las actividades que podemos ofrecer a un perro para que pueda entretenerse y mantenerse activo dentro de su reposo, sin necesidad de que se levante o esté en movimiento. Podemos proponer el juego del “trilero” donde escondemos un pedazo de comida en uno de tres recipientes ciegos o en una de nuestras dos manos para que el perro lo halle a través de su olfato, o facilitarle ropa u objetos que porten olor de otros animales o personas conocidas para que se entretengan detectando toda la información que su trufa les permita conseguir.

Son muchos los juguetes interactivos o de inteligencia que podemos encontrar en tiendas y muchos los que podemos fabricar de forma casera, adaptándonos a cada individuo y a cada necesidad o patología concreta. Proporcionar la comida en juguetes interactivos conseguirá un enriquecimiento ambiental muchas veces necesario. Mostrar un objeto determinado y posteriormente dejarlo junto a otros objetos similares para que el perro lo reconozca gracias a su olor. Las “mantas de actividad”, con la que presentaremos al perro diversos desafíos ya que dispone de diversas actividades y podemos variar el nivel de dificultad. Esconder premios en una toalla enrollada para que el perro los vaya buscando. Y así un sinfín de posibilidades. Hay estudios que señalan que los perros utilizan seis veces más energía al realizar actividades que requieren de pensamiento y concentración, en comparación a una actividad física.

Aunque es evidente que la capacidad de distinguir o discriminar olores en el perro es una cualidad innata, para iniciar al animal en cualquier juego de este tipo, es imprescindible asociar un estímulo apetitivo, por ejemplo comida, al hecho de encontrar un objeto determinado, para que su motivación por el juego de buscar aumente y quiera participar del mismo. Así como empezar con trabajos sencillos para ir complicándolos de manera progresiva.

Por tanto, empecemos a favorecer y ampliar el uso de su sentido más primitivo para su propio bienestar con el que, además de los beneficios expuestos a lo largo del texto, el perro disfrutará y se divertirá de una forma natural y sana.

 

Aida Semiramis

Educadora canina de LealCan

www.lealcan.com