Psicología canina investigación UNED

A día de hoy, los experimentos de corte conductual con perros en Psicología brillan por su ausencia. Es por ello que, desde el grupo de investigación de Análisis Experimental del Comportamiento, del departamento de Psicología Básica I de la facultad de Psicología de la UNED, queremos agradecer al centro de educación canina LealCan el habernos dado la posibilidad de realizar el presente estudio con perros.

El experimento realizado está encuadrado dentro de una línea de investigación que llevamos desarrollando desde mediados de 2011 utilizando palomas en los laboratorios de la UNED como sujetos experimentales. El hecho de replicar el trabajo con perros resulta de gran interés por varias razones, siendo las más importantes la posible generalización inter-especies que podríamos obtener si los resultados fueran coherentes con los mostrados por las palomas y la posible aplicación de nuevas variantes de técnicas de adiestramiento en positivo con los propios perros.

Con éstos objetivos pusimos en marcha el experimento, titulado “Adquisición y extinción del control discriminativo en función de la variedad de la consecuencia señalada en perros”.

En un principio contábamos con la colaboración de 29 perros, de los cuales 14 fueron descartados tras las dos primeras sesiones previas, quedando un total de 15 perros al inicio de la fase experimental.

schnauzer mini de color sal y pimienta haciendo un target con la pata en una alfombrilla para una Investigación de Psicología en lealcan
schnauzer mini de color sal y pimienta mirando a Enrique Solís de LealCan en una Investigación de Psicología

Hay que aclarar que no descartamos a ningún perro porque “fuera malo” o “no lo hiciera bien”, ya que las tareas no eran de tipo competitivo y por lo tanto no había posibilidad de que algunos perros fueran mejores que otros. El motivo de los descartes fue, sencillamente, que había perros que no toleraban la situación experimental al requerir que sus dueños no estuvieran presentes. Fue por ello que no quisimos que ningún animal sufriera ni lo más mínimo estando con nosotros y decidimos que era mejor que no continuaran.

Todos los perros que quedaban habían pasado por una misma fase previa de condicionamiento clásico en la cual se utilizaron 5 sonidos: 4 de ellos se convirtieron en reforzadores secundarios tras ser emparejados con la aparición de comida (al igual que un clicker) y el sonido restante se emparejó con la no-aparición de comida (M.A.R., Marca de Ausencia de Refuerzo).

En la siguiente fase se dividió a los perros en 2 grupos: grupo experimental y grupo control. La diferencia entre ambos grupos era que en el experimental, al realizar la conducta exigida (tocar un target) en presencia de una luz verde, aparecía al azar uno de los 4 reforzadores secundarios (sonidos) entrenados previamente, mientras que en el control siempre aparecía el mismo. En caso de que la luz presentada fuera roja y el perro realizase la conducta, aparecía la M.A.R (el sonido restante) en ambos grupos, y por lo tanto no había comida.

De ésta manera lo que queríamos estudiar era si la variedad (y no la cantidad) de reforzamiento afecta al comportamiento en términos de velocidad de adquisición y resistencia a la extinción, es decir, si el hecho de que alguien sea reforzado de distintas maneras afecta a lo rápido que se puede aprender algo y lo difícil que resulta luego eliminar dicha conducta en comparación con alguien que siempre sea reforzado de la misma forma.

Los resultados previos obtenidos por nuestro grupo de investigación (UNED) con palomas en un experimento igual que éste muestran claras diferencias entre los grupos experimental y control, por lo que nuestra hipótesis era que con perros ocurriría lo mismo.

Desafortunadamente, el estudio con los perros planteaba una gran cantidad de dificultades que no pudimos controlar y que harían que el trabajo se alargase más de la cuenta, por lo que decidimos poner fin al estudio antes de tiempo para no perturbar el buen funcionamiento de las clases que se llevaban a cabo simultáneamente en el centro canino.

perro olfateando delante de un panel de luces para investigación de la UNED dentro del aula de lealcan con enrique solis detrás de él
perro haciendo un target con la pata en una alfombrilla para una Investigación de Psicología en lealcan con la luz verde el panel encendida

Aún así, no se podría decir que el experimento fracasó. En todo caso fracasó la manera en la que pretendíamos verificar o falsear nuestra hipótesis, pero ya se sabe que la ciencia muchas veces se sirve de tropiezos para seguir avanzando y ésta vez no ha sido menos.

Más en particular, hemos obtenido evidencias coherentes con las encontradas por otros autores que ponen de relieve, así como ocurre al investigar con humanos, la dificultad en el control de variables en los perros. Al no tratarse de animales ingenuos que no conocen otra cosa que no sea el laboratorio (como las ratas o las palomas), resulta muy complicado controlar todo lo que un perro trae aprendido como consecuencia de meses y años de interacción con el mundo, es decir, realización de tareas, obtención de consecuencias, exposición a gran variedad de situaciones, estímulos que ya han sido condicionados en su vida, etc.

También cabe destacar que, aunque los investigadores no interveníamos en sus tareas, es decir, no interactuábamos con ellos directamente, no dejábamos de ser personas. Y todos los perros que venían tenían un vínculo ya formado con la especie humana que les hacía responder de muchas maneras distintas ante nosotros.

Todo esto provocó que los componentes de nuestro experimento tuvieran muchas dificultades para ejercer control sobre la conducta del perro y por tanto nosotros teníamos muchas dificultades para aislar las variables que considerábamos relevantes a la hora de estudiar el comportamiento dentro del estudio.

Sin embargo, a raíz de esto pudimos observar varias cosas que resultan de gran interés para el mundo del perro.

Por ejemplo, tuvimos la suerte de vivir una experiencia que no es frecuente de observar, como el hecho de estar con perros en una situación nueva para ellos en ausencia de sus dueños. Resultaba muy curioso observar como había perros que rápidamente se olvidaban de todo nada más entrar a las sesiones y el nuevo contexto suscitaba en ellos un enorme interés, mientras que otros perros sólo pensaban en salir de allí en cuanto completaban 2 ensayos seguidos en los que no obtenían comida. Con éste ejemplo se pueden apreciar las grandes diferencias inter-individuales con las que los perros ya venían “de casa”, fruto de la historia particular de reforzamiento e interacción de cada uno.

golden de espaldas al panel de luces, con enrique solis señalandole donde encontrar el refuerzo en comida
golden de frente al panel de la investigación para la UNED dentro del aula de lealcan, con enrique solis mirando el ordenador que marcaba los fallos o aciertos, la luz roja del panel esta encendida

Muy interesante también es el hecho de que la mayoría de los perros estuvieran pendientes de mí cuando yo en ningún momento les hacía caso ni les daba comida directamente (los premios caían por un tubo que atravesaba el panel con el que ellos interactuaban). En otras palabras, ellos no veían en ningún momento que fuera yo quien tiraba la comida, pero parecían esperar a que lo hiciera, lo cual me convertía a mí en un estímulo mucho más saliente e interesante que las propias luces. Lo mismo ocurría con Enrique Solís, director de LealCan, que también estaba presente en todas las sesiones.

Es importante mencionar, además, todas las respuestas de frustración que aparecieron en los perros cuando “fallaban” un ensayo y por tanto no había comida. Pudimos observar como al escuchar el sonido que significaba “no comida” (la M.A.R), algunos perros se ponían muy nerviosos, ladrando, dando vueltas, yendo hacia la puerta, llorando, etc. Bajo mi punto de vista, éstas respuestas eran muy parecidas pero mucho más intensas que las que aparecen en los procedimientos de extinción.

Como dato curioso, no podemos terminar éste artículo sin hablar de lo que ocurrió en las últimas sesiones del experimento: como el estudio estaba llegando a su fin y no habíamos conseguido algunos de los objetivos que nos marcamos en un principio, decidimos variar la situación para observar el comportamiento de los perros y así sacar más conclusiones de todo lo que estábamos haciendo.

Concretamente, lo que hicimos fue extinguir todas las conductas de tocar el target, y para ello simplemente hicieran lo que hicieran los perros, dejamos de suministrar comida. Como la conducta de tocar el target estaba muy consolidada en todos los participantes, pensábamos que esto nos iba a costar mucho trabajo, pero la verdad es que nos sorprendió muchísimo lo rápido que los perros dejaron de responder. De pronto algo había cambiado en la situación experimental y los perros lo detectaron rápidamente. El interés y las ganas de trabajar que mostraron durante todas las fases del estudio desaparecieron en cuestión de segundos. En mi opinión, tuvo mucho que ver el hecho de que no solamente dejamos de dar comida, sino que también dejamos de reproducir los sonidos (reforzadores secundarios) que señalaban la aparición de los premios. Este procedimiento en psicología se conoce como extinción total (o completa), y por lo general contribuye a una extinción más rápida que la extinción parcial (seguir recibiendo reforzadores secundarios pero no comida). En otras palabras, lo que ocurrió fue que fabricamos una situación muy incómoda para ellos, podríamos decir que convertimos las sesiones en una especie de “silencio incómodo”, de esos que tanto odiamos los humanos.

Kenal, el perro de Enrique Solís (que participó en el estudio), mostró un gran interés en todo momento por la tarea experimental y unas ganas enormes de trabajar con nosotros. Prueba ello es que fue de los perros que más resistencia mostró a ésta extinción (21 ensayos seguidos hasta que dejó de responder). Sin embargo también él se iba hacia la puerta algunas veces en éstos casos a pesar de que su dueño estuviera dentro de la sala con él. Sin duda, esto es una prueba muy valiosa de lo frustrante que puede llegar a ser para un perro el hecho de que un contexto agradable para él cambie a peor. Si lo pensamos, a las personas nos pasa lo mismo, no nos gusta que nos cambien algo bueno a lo que ya nos han acostumbrado y que encima no nos den información acerca de lo que deberíamos hacer a partir de ese momento. Como a los perros no les pedíamos que hicieran nada nuevo, sino que simplemente de pronto no pasaba nada, lo único que querían era irse a otra parte.

pastor alemán entrenando un target con enrique solis con el panel del luces en el lateral
perro delante del panel de luces con enrique solis en el lateral controlando el ordenador de aciertos y fallos de la investigación

Las conclusiones que podemos obtener de todo esto son varias. Por un lado, hemos sacado datos suficientes como para poder mejorar nuestro control experimental de cara a futuras investigaciones con perros. Por otra parte, hemos podido observar de primera mano, aunque sea algo que ya se sabe, la importancia que adquieren las interacciones entre perros y personas, lo cual también es susceptible de estudio y es, sin duda, un tema muy interesante de abordar desde una disciplina científica como la Psicología para poder seguir aportando avances a la sociedad.

Actualmente, nuestro grupo de investigación mantiene varias líneas abiertas. Una de éstas líneas es la de “variedad de reforzamiento”, la misma de éste estudio, en la cual seguimos trabajando activamente.

Por último, agradecer enormemente a todos y cada uno de los/as participantes, tanto de 4 patas como de 2. Sin voluntarios/as como vosotros/as nada de esto habría sido posible. Valoramos mucho vuestro esfuerzo y esperamos que en futuras colaboraciones disfrutéis lo máximo posible.

También le damos las gracias a Ramón y Tulia en particular, que estuvieron todos los días con nosotros grabando las sesiones en vídeo a pesar de los madrugones que ello conllevaba.

perro pequeño delante del panel comiendo el cacharro de refuerzos con enrique solis detrás sentado
perro pequeño haciendo target en la alfombrilla del panel de luces, con la luz roja encendida

Y por supuesto, una mención especial a Enrique Solís, quien ha demostrado incondicionalmente su compromiso con la ciencia, no solo por la ayuda en la organización, si no por su participación activa durante todo el experimento.

Eduardo Polín – Educador Canino

banner-lealcan-articulos3646 444 555 – info@lealcan.com

lealcan.com

 

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