Comportamiento reactivo, acompañado o no de agresividad, durante la cuarentena.

Cuando mencionamos que un perro muestra comportamiento reactivo, nos referimos a que manifiesta una respuesta desproporcionada (ladridos, gruñidos, tirones de correa, enseñar dientes, etc.) ante un estímulo o una situación determinada. En este artículo nos limitaremos únicamente a dos tipos de estímulos: perros y personas.

En situaciones normales, los educadores caninos y especialistas en comportamiento damos unos pasos previos al trabajo de la conducta en sí, como puede ser evaluar la motivación que subyace en el origen del comportamiento, valorar la relación que dicho individuo tiene con su entorno más cercano, su familia, enseñar a los guías a cubrir las necesidades de su compañero de cuatro patas de manera adecuada y un largo etcétera. Si bien es cierto que consideramos esta parte absolutamente necesaria, también es verdad que el entorno que esta situación de confinamiento está proporcionando, nos resulta ideal para empezar a trabajar ciertos aspectos en relación con este tipo de problemas.

Siguiendo la línea que llevamos en LealCan desde que empezó el estado de alarma, queremos tomar en consideración cualquier oportunidad, por pequeña que sea, para mejorar en la medida de lo posible la vida de nuestros compañeros peludos y fomentar una buena relación perro-guía. Por este motivo, vamos a ver algunos de los ejercicios que podemos hacer, adaptándonos a las circunstancias y a pesar del miedo que nos da siempre no personalizar cada caso, porque creemos que es un momento idóneo para empezar a introducir ciertas partes del protocolo de modificación de comportamientos reactivos.

¿Por qué esta situación tan excepcional es ideal para iniciar este tipo de trabajos?

En condiciones normales, se aconseja que los perros que muestran comportamiento reactivo hacia otros perros o personas realicen los paseos en horas en las que no haya mucha actividad en la calle, como puede ser a primera hora de la mañana o por la noche o bien en lugares tranquilos, mientras dure la modificación de conducta.  Así conseguimos no saturar la mente del peludo, no cargarle de situaciones estresantes y, de este modo, favorecemos el aprendizaje en los momentos que vayamos a trabajar los estímulos de manera controlada.

Por otro lado, buscamos la distancia adecuada para que el perro no supere el umbral de reactividad ante los estímulos que desencadenan la respuesta. Pongo un ejemplo para que se entienda mejor: el perro con comportamiento reactivo se pone en alerta cuando ve a otro perro a cuatro metros de distancia, mira atentamente y tensa el cuerpo. Cuando esa distancia se acorta a dos metros, empieza a ladrar. En este caso el umbral de reactividad estaría a cuatro metros y empezaríamos a trabajar intentando no rebasarlos.

Estos son los motivos que me llevan a decir que esta situación que estamos viviendo es provechosa para trabajar estos problemas en concreto. El periodo de confinamiento nos proporciona un entorno ideal para comenzar con ciertas pautas de la modificación de conducta ya que, por un lado, la afluencia de personas solas o de guías con sus perros en las calles es significativamente menor y más escalonada, siendo menos frecuentes las posibilidades de encuentros con poca capacidad de control. Y, por otro lado, la normativa sanitaria de distanciamiento social favorece que la separación entre personas sea, como mínimo, de 2 metros y que no haya perros sueltos que se puedan acercar a saludar superando la capacidad de gestión de nuestro amigo.

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Dos perros con la boca abierta el uno frente al otro como si estuvieran peleándose

 

Una vez explicado por qué el entorno me parece apropiado, ¿qué pautas puedo ir trabajando? Vamos a dividirlo en dos fases.

Primera fase:

  • Pasear con la correa suelta, sin tensión. Es habitual que, durante los paseos de perros con comportamiento reactivo, al ver el estímulo que va a provocar el estallido, el guía tense la correa incluso antes de que el perro se haya percatado de su presencia, por el convencimiento de lo que va a pasar. En realidad, somos nosotros quienes, en ese momento, ponemos en alerta al perro. Es muy fácil generar en nuestro compañero una asociación entre el perro o la persona que vemos y algo negativo y que genera malestar (tirón de correa, tensión y esa forma de contener la respiración en espera del “desastre”). En este momento no hay peligro, no se nos van a acercar lo suficiente como para que ocurra nada malo, así que respira profundo y no añadas tensión a la situación. Puedes tener la correa bien sujeta sin necesidad de que esté tensa.
  • Comida gratis. Podemos empezar a trabajar un contracondicionamiento sencillo. Cada vez que vemos el estímulo que hace que el perro reaccione, empieza la barra libre de comida hasta que dicho estímulo desaparezca o se aleje. En este caso, la comida aparecerá independientemente del comportamiento del perrete con problemas. Lo que intentamos con esta pauta es cambiar la etiqueta que el perro tiene en su cabeza de lo que supone ese estímulo. Si ahora, cada vez que ve un perro, significa que van a pasar cosas malas (miedo, amenaza, tirones de correa, gritos, malestar y excitación del guía, etc.) vamos a cambiar esa sensación por cosas buenas (calma, alegría, premios, comida, refuerzo, apoyo, etc.)
  • Voz tranquila y amable. Informaremos a nuestro compañero de que todo va bien a través de nuestro tono de voz. Diremos una frase tipo “no pasa nada, está todo bien”. De manera tranquila y pausada, con un tono suave y a un volumen medio tirando a bajo. Si no hemos calculado bien la distancia y se produce el estallido, no variaremos el tono de voz, de manera sosegada le haremos ver que en realidad no ha pasado nada “¿Ves? No ha pasado nada, no necesitas ponerte así”
  • Evitar regañar, corregir o castigar. En nuestra filosofía de trabajo esto lo incluimos siempre. Ponernos a gritar como locos a nuestro compañero nos da una falsa sensación de resolución. Lejos de acabar con el problema, lo que estaremos haciendo es perder el control sobre nosotros mismos, lo que provocará: primero, que el perro tenga mayor sensación de que la situación es mala y amenazante y, segundo, que no pueda confiar en nosotros para resolver un problema o conflicto.
  • Mantener la calma. Este punto es ciertamente complicado, pero al fin y al cabo es lo que pretendemos enseñar a nuestro amigo. Estar calmado sin ningún motivo que nos rompa ese sosiego es fácil, pero mantenernos tranquilos cuando las cosas se ponen tensas es lo que realmente nos cuesta a todos. Primero tendremos que trabajar esta actitud en nosotros mismos para demostrar a nuestro perro que se puede hacer y que, además, desde esa posición de calma, podemos pensar en estrategias más efectivas.
  • Giros de 180 grados. Es un ejercicio que le podemos enseñar en casa y poco a poco llevarlo a la calle. Enseñaremos a nuestro perro que, tras cierta señal, vamos a cambiar radicalmente el giro de nuestra marcha. Lo practicaremos durante el paseo sin motivo aparente para que en el momento en que sea necesario (aparece un perro o persona que se aproxima hacia nosotros) podamos utilizarlo como un ejercicio-juego más, sin que sea señal de que vayamos a tener problemas, porque recordad que “no pasa nada, está todo bien”.

 

Una vez que hayamos trabajado todo lo anterior, empezamos a pedirle un poco más a nuestro perro mediante las siguientes pautas:

Segunda fase:

  • Reforzar comportamientos apropiados. En los encuentros, siempre que la reacción de nuestro perro sea calmada (desviar la mirada del estímulo, olfatear, dirigir la atención hacia nosotros, o cualquier otra conducta no reactiva), justo después de percatarse de la presencia del estímulo, se le reforzará con premios y felicitaciones y seguiremos el paseo tranquilamente alejándonos del sujeto “amenazante”.
  • Construir conductas. Otra forma de reconducir el comportamiento en estas situaciones, y siempre manteniendo la distancia de no reacción, consistiría en pedirle una conducta conocida y ya entrenada en otros momentos, por ejemplo “sentado” o “mira”, para que se centre en nosotros y reforzarle con halagos (el tono de voz tiene que ser calmado y de manera apaciguadora) o con premios en comida.
  • Refuerzo funcional. Es decir, que el perro consiga lo que quiere a través de las conductas que nosotros deseamos. La mayoría de las veces lo que busca un perro con ese comportamiento reactivo es alejar el estímulo que le preocupa. Si cada vez que ofrece una conducta apropiada le reforzamos retirándonos en dirección opuesta, le estaremos enseñando que con otro tipo de actuaciones consigue la distancia que quiere o que necesita, de manera mucho más agradable y sin necesidad de pasar un mal rato.
  • Paseos en línea. Pasear detrás de personas o perros tranquilos a una distancia segura para el nuestro, es un ejercicio interesante para que el perrete pueda ir olfateando el rastro que han dejado. Así conseguiremos la calma que la concentración del olfateo provoca y la experiencia de que esos estímulos no son malos ni suponen situaciones desagradables.
  • Paseos en paralelo. Pasear en paralelo a otras personas o perros tranquilos, a una distancia suficiente para que nuestro perro se sienta seguro y no detone, nos permitirá reforzar comportamientos adecuados en presencia de esos individuos “peligrosos” de modo que, poco a poco, vaya cambiando esa percepción.

Con estos ejercicios le estaremos ofreciendo a nuestro perro distintas estrategias para afrontar las situaciones que le incomodan. Tanto si le enseñamos y construimos nosotros alguna de ellas, como si reforzamos las más acordes que el perro elige y nos ofrece por sí solo, aumentaremos la seguridad de nuestro peludo amigo al darle un cierto control sobre la situación. Sabrá lo que tiene que hacer para conseguir, no solo evitar problemas, sino que además aparezcan cosas buenas.

 

Claudiu Georgescu sentado con su perro en la hierba

 

Conclusiones:

Un requisito indispensable en la modificación de conducta por comportamientos reactivos es disponer y/o crear un entorno propicio para poner en práctica los ejercicios a las distancias adecuadas. Actualmente, debido a las medidas impuestas durante el confinamiento, lo tenemos, y aun mejor que en condiciones normales, ya que es el propio entorno conocido, cercano a nuestra casa, donde habitualmente paseamos con nuestros perros, por lo que es una ocasión que debemos aprovechar a nuestro favor.

Una vez dicho esto, queremos dejar constancia que estos ejercicios son una muestra del conjunto de pautas generales dentro del protocolo de modificación de conducta. No se pretende con estas recomendaciones solucionar el problema en sí, ya que se necesitaría hacer un análisis detallado de la situación de cada grupo familiar y la motivación de cada individuo. Pero sí nos parece conveniente aprovechar la situación para trabajar estos ejercicios que garantizan una mayor fluidez en el desarrollo y aprendizaje de las pautas restantes.

 

Además, me gustaría recordar que, para un correcto y mejor desempeño de los ejercicios mencionados y de muchos otros, estaremos siempre a vuestra disposición para facilitaros y enseñaros los conocimientos necesarios. De este modo, podréis ponerlos en práctica de la manera más personalizada y adecuada posible.

Claudiu Georgescu
Educador canino de LealCan

Aida Semiramis
Educadora canina de LealCan
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lealcan.com

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