Miedos o fobias a fuegos artificiales o detonaciones.

En esta época del año recibimos muchas llamadas relacionadas con problemas de miedos y fobias a los fuegos artificiales o detonaciones.

Si nuestro perro tiene miedo/fobia a los ruidos, lo adecuado es trabajar en ello durante todo el año para poder prevenirlo con tiempo. Sin embargo, si hemos descubierto que se ha asustado recientemente por ruidos fuertes, debemos tomar cartas en el asunto. Nuestra primera parada debe ser el veterinario, para descartar cualquier problema médico que pueda hacer que se encuentre más sensible. Lo siguiente sería tener en cuenta algunas pautas para ayudar al perro si los fuegos artificiales comienzan antes de tener la oportunidad de solucionar el problema.

Perro con miedo o fobia a fuegos artificiales, petardos y detonaciones
Perro con miedos o fobias a fuegos artificiales, petardos o detonaciones

Sugerencias para ayudar a nuestro perro a superar sus miedos o fobias a los fuegos artificiales o detonaciones:

  • Estar atentos a los signos de estrés: temblores, pupilas dilatadas, orejas hacia atrás, cola metida entre las patas, salivación, jadeo, búsqueda de atención, esconderse, orinar, defecar y huir.
  • Tener un lugar al que el perro pueda acudir y sentirse seguro, que le permita libre acceso para entrar y salir a su antojo; nunca encerrarle, pues se sentirá atrapado. Puede ser una camita, debajo de alguna mesa, entre los sanitarios del cuarto de baño o incluso detrás del sofá. Cualquier lugar en el que el perro pueda sentirse seguro. Es preferible que sea cubierto, y asegurarse que no pueda destruir nada o hacerse daño involuntariamente. Las cubiertas limitarán la cantidad de ruido y luz, lo que ayudará al perro a asentarse. Si el perro está habituado al uso del transportín y le resulta un sitio conocido, cómodo y tranquilo, puede resultar una herramienta ideal para usarlo con este propósito. Recordad siempre dejarle la puerta abierta.
  • Si entra mucha luz, regular su intensidad, hacer que la habitación sea luminosa, pero sin llegar a ser molesta; tampoco totalmente oscura.
  • Si el ruido es muy fuerte, se podrían bajar todas las persianas (adecuando la iluminación de forma artificial si es necesario) para amortiguar el sonido de las detonaciones y poner la lavadora (o algún ruido blanco), una película o música relajante para perros. A continuación os dejamos una lista de reproducción con música seleccionada que os puede resultar de utilidad: https://lealcan.com/listado-de-canciones-con-la-mejor-musica-relajante-pruebala-con-tu-perro/. Si se ha condicionado previamente en momentos de calma sería lo ideal para intentar disimularlo.
  • Colocar en el lugar seguro y de tranquilidad alguna prenda de vestir que haya sido usada por nosotros, ya que será un olor familiar para ellos, lo que podría ayudar a calmarlo un poco.
  • Utilizar el enriquecimiento ambiental para ocupar su mente: conseguir algunas actividades que le lleven algo de tiempo. Está demostrado que resolver pequeños problemas reduce el estrés. Se puede ir de lo más básico, como usar un Licki Mat o una alfombra de estimulación olfativa, hasta realizar alguna sesión de entrenamiento de olfato adecuada a cada perro, si sus niveles de miedo lo permiten. Se pueden repasar señales de educación básica, ya que les resultarán familiares y aportan seguridad.
  • Si el perro está abierto e interesado en la conducta de ingesta, lanzar o suministrar un trocito de comida muy apetitoso después de cada ruido fuerte, podría asociar el ruido con la comida e ir cambiando la asociación que tiene con ello, aunque este método, dadas las fechas, se nos antoja, a priori, tardío. Si no coge comida, sería uno de los posibles evaluadores de su estado de preocupación por lo que la comida no solo no sería una opción, sino que podría darse el caso contrario y conseguir, sin querer, que la comida sea predictora de eventos de valencia negativa para nuestro perro.
  • No dejarle solo: estar en la misma habitación donde el perro es consciente de nuestra presencia, y si se acerca para pedir contacto, mimos o cercanía, hay que proporcionárselo. Recordar que el miedo es una emoción y que las emociones NO SE REFUERZAN, así que no se le estará reforzando el miedo, se estará ofreciendo apoyo y consuelo.
  • No soltarle ya que la mayor parte de los extravíos y/o atropellos de nuestros perros se pueden producir en estas fechas al asustarse y huir, alejándose de nosotros. Si durante el resto del año nos ocupamos de contruir un apego seguro hacia nosotros, conseguiremos ser su base segura para que haya más probabilidades de que si se asusta recurra a nosotros.
  • Mantener una actitud calmada, no utilizar tonos de voz demasiado excitados, ni demasiado bajos. Ambas cosas pueden empeorar la situación ya que le restan «normalidad» a la situación.
  • Los aromas pueden ayudar. Hay muchos productos en el mercado dedicados a tales fines: hay que encontrar el que mejor funcione para el perro; por ejemplo, se ha demostrado que la lavanda y la manzanilla tienen un efecto calmante. Es preferible usar los aceites esenciales, ya que hay muchos sprays, velas y complementos que tienen compuestos orgánicos volátiles y formaldehído que pueden resultar dañinos para el perro.
  • Los chalecos compresores o anti estrés de marcas como Thunder-Shirt o Anxiety Wrap pueden ayudar, incluso se puede realizar una envoltura corporal con vendas según indican en el método Tellington TTouch, si no se tiene el chaleco. Hay que tener en cuenta que las envolturas corporales no deben dejarse en el perro durante períodos prolongados ni deben oprimir en exceso. También tener en cuenta que ciertos individuos requieren un trabajo de habituación previo.
  • Ejercitar al perro (si son físicamente capaces), darle un paseo largo, tranquilo y promoviendo el olfateo un rato antes de los momentos en los que se pueda prever la aparición de los eventos estresantes (fuegos artificiales…), ya que esto aumenta la serotonina y ayuda al perro a relajarse. Importante no intentar obligar al perro a salir a la calle a hacer sus necesidades durante los eventos estresantes.
  • Uso de medicamentos con prescripción facultativa. Si el perro tiene una fobia extrema, ya conocida, hablar con su veterinario sobre los psicofármacos que se utilizan específicamente para la fobia a ruidos. Lo ideal es que el perro esté adormecido y dormitando durante los episodios, pero no inmovilizado, por ello no es recomendable usar Acepromacina.

Lo realmente importante, es recordar que los miedos y fobias para el perro son REALES y TRAUMÁTICOS. Por ello debemos hacer todo necesario para hacerlos sentir mejor, y desde luego, hacer un trabajo sobre el problema a largo plazo para ayudar al perro a superarlo. Para ello es aconsejable solicitar la ayuda de un profesional en líneas de educación amable, respetuosa y en positivo, que nos guíe sobre cómo realizar de manera correcta un programa para desensibilizar al ruido o contracondicionar para cambiar la asociación.

María del Carmen Pérez –
Educadora canina de LealCan

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lealcan.com

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